Fuengirola

Eres Annabel Lee raptada por Los Angeles en vuelo comercial,
tus ojos son dos leves arañazos sobre una fruta exótica.

Yo lancé tu equipaje contra la silicona de los acuarios,
aguas sin cloro y peces que agonizaban pidiendo un beso.
Sus espinas tintadas señalaron tu nombre en mi antebrazo.

He abandonado el luto de diez años llevando en la mochila un crisantemo.
He recorrido solo los rincones donde nos derramamos:
el hotel demolido, la orilla erosionada, los puestos de licor en los que yacen
las escafandras rotas…
se esfumaron las huellas de tu ausencia.

Aunque adoro la poda de sombrillas que señala el final de temporada,
los granos de nostalgia traspasando el flequillo de las turistas pálidas,
Fuengirola en diciembre es una isla.

Quiero nadar hasta la línea última en la que cielo y tierra se confunden.
Voy a lanzarme a un pozo de silencio con la velocidad y la violencia
de un tren que descarrila en el vacío.

José Daniel García